Sólo dos de cada diez puestos gerenciales son ocupados por mujeres

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No es novedad que la brecha entre hombres  y mujeres en el ámbito laboral ha cambiado drásticamente en los últimos años. Mediante regulación, aunque también hay una valoración real de que las mujeres son mejores cualitativamente para ciertos trabajos, sin embargo todavía persisten desigualdades tanto en los salarios como en el acceso a cargos ejecutivos. En esta nota del diario La Nación, escrita por Florencia Trucco, vamos a pasar revista de la actualidad del mercado laboral y las mujeres y cómo está funcionando.

Los ejemplos muestran que en el siglo XXI las mujeres no sólo han avanzado en el reconocimientode sus derechos laborales y sociales, sino que varias pudieron alcanzar puestos o trabajar en áreas que antes eran patrimonio de los hombres. Sin embargo, según encuestas privadas y relevamientos de organismos oficiales, todavía persisten desigualdades, tanto en los salarios como en el acceso a cargos ejecutivos. Está comprobado que, aun en los mismos puestos y con similar formación académica, ellas ganan menos que los hombres, incluso en posiciones directivas. Además, una vez que la mujer finalmente accede a un mando alto, suele ser víctima de la presuposición de que una eventual maternidad podría impedirle estar disponible o cumplir con sus tareas.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, correspondientes al segundo trimestre de 2013 (últimos disponibles), las mujeres ganan en promedio $ 3501 por mes, mientras que los hombres reciben $ 4699. Ellas trabajan un promedio de 31,45 horas semanales y ellos, 42,29. La brecha salarial es de un 34%, aunque hay que aclarar que esas cifras se refieren a todo el universo de trabajadores, por lo cual, dada la heterogeneidad de puestos, no se están comparando ingresos con tareas equivalentes y con iguales jornadas de trabajo.

La brecha, de todas formas, aún persiste cuando se ajustan los cálculos. Nuria Susmel, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), advierte que si se compara a personas con los mismos atributos, entre ellos la edad, el nivel educativo, la región del país donde trabajan, el tipo de ocupación, y si el empleo es público o privado, la diferencia en los ingresos es de 13% en detrimento de las mujeres. “Con el resultado que arroja esta técnica econométrica, entonces sí se podría atribuir a una cuestión de discriminación”, dice Susmel.

El boletín de temas de género del Ministerio de Trabajo, que incluye datos al segundo trimestre de 2013 del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), revela que entre los asalariados registrados del sector privado, las mujeres tienen un sueldo promedio de 7458 pesos, contra 9918 de los hombres. En este caso, la brecha es de 24,8 por ciento. En igual período de 2003, esa diferencia había sido de 25,6%, algo que muestra que en la década hubo una reducción que no fue significativa.

Una de las explicaciones de esta desigualdad salarial puede ser encontrada en el terreno cultural. Patricia Debeljuh, doctora en Filosofía y directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE Business School, comenta que históricamente el varón fue visto como el “proveedor” de la familia. “Lo que ganaba la mujer servía como un complemento que, si era menor, no tenía importancia porque no era imprescindible. Esa dinámica todavía se arrastra a nuestra idiosincrasia”, señala Debeljuh.

Aunque el concepto antiguo de que las mujeres “pertenecen al hogar” se ha desterrado en la cultura occidental, los datos prueban que, a pesar de que ellas pueden salir y realizarse profesionalmente, son todavía más permeables a las de-sigualdades del mercado. Los datos del Indec del tercer trimestre de 2013 correspondientes a la población de 14 años o más, indican que la tasa de actividad en 31 aglomerados urbanos es del 58,9 por ciento. De allí se desprende que los hombres que trabajan o buscan trabajo (tal es la definición de tasa de actividad) son el 71,9%, mientras que entre las mujeres, está en actividad el 47,1 por ciento.

La tasa general de empleo -medida sobre la población total de 14 años o más- es de 54,8 por ciento. Entre los varones llega a 67,8% y en la población femenina es de 43,1 por ciento. El desempleo las afecta con más fuerza: el índice, de 6,8% en toda la población, es de 5,6% entre los varones y trepa a 8,5% entre ellas.

En cuanto a los índices de informalidad, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) estimó, sobre la base de la población económicamente activa de 18 años o más, el nivel de empleo precario según sexo, grupos de edad y nivel de educación. Así, en 2012, el 31,4% de los hombres estaba en negro, porcentaje que trepaba al 40,6 en el caso de las mujeres.

A pesar de que hoy es común ver mujeres ejecutivas, el progreso en este tipo de puestos es lento. La última encuesta mensual de SEL Consultores, de la que participan 153 empresas líderes en el país, tanto de origen extranjero como local, estimó que sólo dos de cada diez posiciones gerenciales son ocupadas por mujeres. “La participación en los niveles gerenciales no creció significativamente. Desde 2008 hasta 2013 el aumento fue de sólo tres puntos, ya que se pasó de 16 a 19%”, dice María Laura Calí, directora ejecutiva de SEL.

En el nivel mundial, la tendencia es similar. La investigación anual del International Business Report (IBR) de Grant Thornton de marzo del año pasado concluye que el 24% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. Se advierte que el progreso fue más lento en el grupo de países desarrollados del G-7, debido a que su desempeño económico ha sido “regular”. En cambio, creció en los países emergentes de Asia y el Extremo Oriente. Por ejemplo, los puestos ejecutivos ocupados por mujeres en China, pasaron de ser un 25% del total en 2012 a un 51% en 2013.

En cuanto a América latina, el promedio está en 23 por ciento. La lista de países latinoamericanos con mayor participación femenina en puestos gerenciales está liderada por Perú (27%); le siguen Brasil y México (ambos con 23%), Chile (22%) y la Argentina (18 por ciento). “La región todavía muestra signos de factores culturales que inciden en la cantidad de puestos de alta dirección ocupados por mujeres. Tanto en la Argentina como en el resto de los países, la tendencia es a mantenerse en torno al 20%”, explica Julia Adano, socia de Impuestos de Grant Thornton Argentina.

Nota completa, aquí.

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